ENTREVISTA AL ARTISTA JUDAS ARRIETA

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Judas Arrieta (Hondarribia, 1971) expone hasta el 11 de septiembre en la Sala Nautilus del Aquarium Donostiarra “The Blue Symphony” su última obra pictórica realizada en la calle y con colaboración ciudadana.

Quedo con Judas una mañana lluviosa de Julio. Fiel a su estilo personal, aparece a la cita con unas bermudas, sudadera otoñal de color gris y gorra negra. Se disculpa por haberse retrasado unos minutos y asegura que ya ha desayunado, así que no me acompaña tomando té orgánico en una concurrida cafetería local. Nadie parece reconocerle, o quizás todos lo hagan y por eso no se muestran excitados con su presencia. Es uno más en Hondarribia. Bueno, mejor dicho tres , porque desde que regresó en 2013 de la mano de su mujer y su hija Keiko, suman tres nuevos vecinos para el municipio costero.

Judas es una persona calmada y sencilla. En ese sentido entiendo su pasión por Asia. La forma que tiene de moverse, de sentarse y sobre todo la forma que tiene pensar, recuerda mucho a lo oriental. Como ellos, Judas es un hombre relajado y con las ideas claras.

Me sorprende (gratamente) su discurso sobre el arte en la actualidad, porque es mucho más profundo de lo que podrías esperar de alguien que pinta Doraemons o vaqueros en tablas de surf. Arrieta es un artista comprometido con el arte y con su tiempo, que se preocupa de la educación de su hija y que usa los colores para hacernos despertar de un letargo del que muchos ni siquiera son conscientes. Bienvenidos al mundo Judas Arrieta, un mundo lleno de montañas rusas, explosión de color y dibujos, muchos dibujos. Entrevista: Raquel Hernández. Foto cedida por Asier Perez Karkamo.

Judas, empecemos hablando de tu nueva exposición “The Blue Symphony

A nivel conceptual es una reflexión personal sobre cómo está el arte en nuestro entorno.

Y, ¿a nivel formal?

A nivel formal lo que hago es una reflexión de cómo se pintaba antes, esos cuadros que estaban colgados en las galerías de arte que hoy ya no están. Los cuadros que pintaban esos artistas en las calles y que hoy parecen estar en vías de extinción…. Hablo del paisaje y más concretamente del subgénero de las marinas.

Pero no vamos a ver unas marinas clásicas, ¿verdad?

No. Lo que hago es añadir al paisaje elementos relacionados con los cambios vividos por mi generación. El cambio de lo analógico a lo digital, de cómo hemos disfrutado de temas del mar leyendo a Julio Verne o viendo Viky el vikingo…Las alusiones que aparecen en mis cuadros también son títulos de películas relacionadas con el mar, diferentes tipos de animales marinos…

¿Cómo ha sido el proceso creativo de “The Blue Symphony”?

El proceso se ha desarrollado en varias fases. Bajo mi batuta he querido hacer partícipe a la gente del pueblo en esta obra. Se crearon dos eventos, uno en Irun y otro en Hondarribia, y se invitó a los ciudadanos a tomar parte en la elaboración de las piezas. Cuando haces un evento de calle siempre funciona, hay movimiento, la gente pregunta, la gente ve…

Tal vez sea porque a la gente le gusta formar parte de estas cosas

Yo creo que sí. Si esto se hubiera planteado hacer a puerta cerrada, a la gente le hubiera dado reparo participar. Lo que intento en convertir de nuevo la calle en un estudio, para que el espectador se dé cuenta que los artistas no somos tan diferentes.

¿Crees que se os ve a los artistas como “bohemios” o gente un pelín rara?

Sí, todavía existe esa forma de mirarnos. También me llama la atención el hecho de que la sociedad trata siempre de entenderlo todo, cuando lo primero que hay que hacer es disfrutar de las cosas. Disfruta lo que tienes delante y después pregúntate por qué has disfrutado.

¿Crees que la gente de nuestra generación va a entender mejor tu obra?

La gente de nuestra generación se puede sentir más identificada con los paisajes que hago yo que con otros más “académicos”. Mi trabajo no es demostrar lo bien que pinto, sino demostrar cómo siento los paisajes. Lo que intento es transmitir una experiencia vital. Mis cuadros son como montañas rusas, o videojuegos.

Desde mi punto de vista lo que más destaca de tu obra es tu peculiar estilo, ese rollo manga que lo inunda todo. Supongo que te lo habrán dicho más de una vez. ¿Te molesta que te etiquetemos como artista manga?

No me molestan las etiquetas, pero la verdad es que yo creo que no tengo un estilo propio.

¿De verdad?

Creo que mis cuadros son Judas, pero que no pertenecen a un estilo concreto, no sé….(Pausa). Bruce Lee dice del arte marcial que es el que sale de uno mismo, pero que a la vez es la unión de muchos estilos. Mi estilo es una suma de estilos, pero a la vez una suma de no estilos.

A lo que me refiero es que cuando ves un cuadro tuyo, es muy fácil después reconocer otro. De ahí que hable de un “estilo Judas Arrieta”

En el primer manifiesto de arte manga que hice decía que me gustaría que la gente reconociera en los cuadros que es un Judas Arrieta, pero no buscando crear un estilo, sino intentando ser fiel al momento en que estoy pintando ese cuadro. Sí que es verdad que formalmente intento hacer una apología al dibujo. Una de mis influencias es pintar a través del dibujo. Para mí la base de la pintura son las líneas, las formas y los colores. A través de esas tres claves uno compone. Luego necesitas un soporte, puede ser un cuadro, un muñeco, un coche, una pared…

He visto que has decorado estilo Judas tablas de surf, planchas de skate…¿Qué te falta por pintar?

No tengo ningún problema para trabajar sobre cualquier soporte. Lo que busco con eso es saltar la experiencia traumática de enfrentarse al lienzo, pero no como artista, sino como observador. No tengo miedo al lienzo y lo que intento es que eso tampoco le suceda al observador.

Hablando de observadores, ¿tienes muchos clientes de por aquí?

No (tajante). Tengo claro que mi mercado no está en casa. Si intentara vivir de lo que vendo aquí, tendría que buscarme otro trabajo. Es verdad que hay sitios que están trabajando por crear un movimiento de disfrute, crear un mercado, pero hoy en día es todavía casi nulo. Tanto los artistas, como las instituciones públicas y privadas tenemos que hacer que eso cambie. Tenemos que conseguir que la gente disfrute de la cultura y de la misma manera que se paga por tener un canal de televisión en casa, también deberíamos conseguir que se pague por la cultura.

Mira, en relación a eso, ayer leía que Francia va a subir un 5% la inversión en cultura

Yo soy de los que piensa que a nivel institucional, si inviertes en cultura no pierdes dinero nunca, independientemente de que hagas caja o no. La gente cuando me pregunta por Donosti 2016 yo siempre respondo lo mismo, no voy a entrar a juzgar si está bien o mal porque me parece que vivimos en una cultura con gustos distintos. Hay que respetar lo que te gusta y lo que no te gusta. Lo que saco de positivo de esto, es que un montón de gente que ha estudiado producción, gestión cultural o comunicación no se ha tenido que ir fuera para trabajar en un proyecto real. Están aprendiendo y van a tener en el currículum algo que otros no hemos podido tener.

Por cierto, ¿cómo acabaste tú en China?

Siempre he estado muy influenciado por temas relacionado con Asia: me gustaba en manga, el cine oriental… Mi primer viaje fue en 2002 a Japón. Estuve 3 meses y fue una ruina (risas)

Te fuiste en plan mochila, ¿de aventura?

Sí, tenía unos conocidos allí, pero como te digo fue un desastre de viaje. Cuando volví me plantee que si volvía a Asia tenía que hacerlo de otra manera porque aquello fue una ruina, aunque también aprendí un montón de cosas. A los dos años tuve la posibilidad de irme de residencia a Pekín.

Eso significa que ibas becado, que por lo menos tenías algo de dinero, ¿verdad?

Estuve tres meses y estando allí me dieron un premio nacional aquí. Con ese dinero alquilé un estudio y me quedé a vivir un tiempo. Pekín se convirtió en una especie de centro de operaciones para poder ir a diferentes partes de Asia a enseñar mi trabajo. Estuve en Korea, Hong-Kong, Singapur, Japón…Y en 2007 empecé a trabajar con la residencia de artistas.

Te dedicabas a llevar a artistas vascos a China, ¿verdad?

En la capital China se estaba viviendo un momento de gran ebullición cultural y decidí ponerme en contacto con el Gobierno Vasco para tratar de obtener una subvención para poder llevar a Pekín todos los años a cuatro artistas vascos. Los artistas estaban dos meses de residencia, desarrollaban un proyecto y después se realizaba una exposición allí mismo. Se iban dejando parte de la obra y yo me encargaba de organizar exposiciones en distintas galerías del país. Fue una experiencia muy buen porque en 6 años de residencia pasaron unos 22 artistas y organizamos cerca de 40 exposiciones en lugares que ni te imaginas.

Y al final volviste aquí en 2013.

Sí, volví a Hondarribia por temas familiares y porque no había un apoyo institucional palpable en China.

Menudo choque cultural, dejar una gran capital y regresar a un sitio tan tranquilo como Hondarribia.

No, no hay ningún trauma a ese nivel. Es una vuelta con otras prioridades porque ahora vuelvo con una familia (su mujer y su hija Keiko). La diferencia principal es que cuando trabajas ya no lo haces gratis o casi gratis. Si no valoran mi trabajo prefiero no trabajar.

A ese respecto, ¿haces lo que quieres o lo que te mandan?

No, hago lo que quiero

¿Puedes elegir?

Siempre intento llegar a un acuerdo. Hay dos formas de trabajar, está el cliente que va a tu estudio, le enseñas tus piezas y si le gusta alguna se la lleva, y luego están los encargos. En los encargos se pregunta al cliente lo que quiere, desde: soporte, medidas... y se llega a un acuerdo. La verdad es que nunca me he encontrado con ningún problema a la hora de realizar mi trabajo.

Para acabar, ¿qué planes tienes a corto plazo?

En unos días me voy a Boise (EE.UU) a pintar un mural en un hotel y luego para otoño ya tengo cerrados unos cursos de arte en Oquendo. También tengo cerrada una exposición colectiva en San Sebastián y en 2017 hay algo previsto en Barcelona.


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